Legado

A mi hijo.

No he de legar un gesto a tu memoria
que me refleje impávido; perfecto
como prócer de estatua; circunspecto,
sobre un plinto de gran dedicatoria.

Mírame como soy, sin la ilusoria
vanidad de ofrecerme sin defecto,
mientras voy desandando este trayecto
de humana condición contradictoria.

Para cuando no esté, tan sólo quiero
grabar en tu recuerdo con esmero
la actitud que me muestre, sin ornatos,

en un hecho común; el más sencillo:
revolviendo el café de mi pocillo
o anudando el cordón de mis zapatos.

Abril de 1983

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