Calvario

Le clavaron las manos; pero abiertos
los brazos por la fuerza del tormento,
quedaron como eterno testamento
de la ofrenda de UN DIOS por sus libertos.

El vulgo, esclavo de los desaciertos,
con rostro ruin y corazón violento
agravió, con sus befas, el momento
de humana compasión hacia los muertos.

Atónitos, los ojos presenciaron
del leño seco florecer la rosa
que en pétalos de sangre desfloraron;

y desde el suelo horrendo del calvero
alzarse hasta los cielos victoriosa
una CRUZ, que abrazaba al orbe entero.

Buenos Aires, Pascua de Resurrección de 1985.

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