Éxtasis

Sentado, desde el sitio de costumbre,
veo finar la tarde que reclina
sobre el cojín azul de la glicina
la sien, con recogida mansedumbre.

Y al señorear su blanda incertidumbre
las sombras del ocaso, la retina
aprisiona y recrea; ¿o adivina?;
la apariencia que huyó, con dulcedumbre.

Alivia una fragancia de azahares
la carga intemporal de mis pesares.
Me da el cielo infinito, que se enciende,

una estrella lejana que me guiña…;
e intuyo la asistencia de mi niña
y la Gracia de Dios que nos comprende.


Nota del Revisor: en este hermoso soneto reflexivo, el paisaje aludido no pertenecía a nuestra casa. Por la descripción, asumo que el sitio acostumbrado era el jardín trasero de “La Serranita”, chalet ubicado en La Falda, provincia de Córdoba, donde veraneamos en 1984 y 1985.

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