La segunda virtud

Este soplo que soy, y que procura
alcanzar un sitial en lo absoluto,
busca en su identidad el atributo
que le remonte hacia la esencia pura.

Y si el paso obligado por la oscura
humana condición, es el tributo,
bien le valga el eclipse de un minuto
si ha de lograr el brillo que perdura.

Porque, a pesar de mis ambigüedades,
intuyo la existencia de verdades
tan hondas como el ansia que me asiste.

Las que irradiando como nuevos soles,
harán crecer auroras de arreboles
por los espacios de mi cielo triste.


Nota del Revisor: la esperanza es la segunda de las virtudes teologales.

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