Llanto

A mi esposa.

…Y tú mirabas más allá…, a los lejos,
perdida la visión en lontananza,
y era la brisa dulce remembranza
en un nuevo decir de cantos viejos.

La luna que rielaba en los reflejos
acercaba a la playa la esperanza
y comprobó, tal vez, su semejanza
con tus niñas plateadas como espejos.

En ese ambicionar, casi inconsciente,
quitaste al mar las aguas de su fuente
y vi brotar un río de tus ojos…

Y al acercar mis labios a su orilla,
supieron de la sal en tu mejilla
y cubrieron de besos tus sonrojos.


Notas del Revisor:

  1. Existe la versión primigenia bastante diferente de este mismo poema, fechada el 24/4/1956 y dedicada “a mi adorada fuente de eterna juventud…”, haciendo referencia al nombre de mi madre: Juvencia. Será publicado más adelante en la sección Poemas de amor a Juvencia.
    El primer verso es muy notable: …Y tú mirabas más allá…, a los lejos. Al principio pensé que se trataba de un error de tipeo, porque en la versión primigenia dice en efecto a lo lejos. Más tarde me percaté de que fue toda la intención del poeta: a los lejos, o sea, los que están lejanos, porque se han ido al más allá, refiriéndose a mi abuelo Pepe y a su hija Hebe, quienes convivían con nosotros. La primera versión, como se verá, era una playa de veraneo en la costa argentina; la segunda, en cambio, una de Punta del Este, Uruguay.
  2. niñas = pupilas de los ojos. Una locución ya en desuso.
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