Naturaleza

“Porque con el juicio que juzgáis, seréis juzgados…”
(Mateo 7, 2)

Puede que no sea el hombre más que un vano
sueño de eternidad en el vacío.
Puede también que sea un extravío
de un éxtasis nacido; sobrehumano.

Puede que sea un mísero gusano
de merecido transcurrir sombrío,
o que le corresponda el señorío
que le impusiera El Verbo Soberano.

Sombras y luces del destino humano
le agitan en constante desvarío
mas, un indicio a la razón confío

para ayudar a penetrar su arcano:
¡Tan sacro es su ropaje, o tan profano,
como juzgue en su hermano el atavío!

Noviembre de 1981

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