Navidad XI

Tan grande es el amor que nos profesas
que vienes, perdonando los agravios,
a trocar en favor nuestras flaquezas.

E impondrá Tu Presencia, sin resabios
de quejas ni de inútiles reproches,
un sello de silencio en nuestros labios.

Porque en ésta, La Noche de las noches
ha de nacer Aquel a quien envías
a redimir Tu Grey. Que con derroches

de inocencia y pobreza le atavías,
para guiar al pueblo sometido
que pretende un guerrero por Mesías.

Y no entiende, en querellas abstraído,
que Tú no necesitas capitanes
para vencer el mal aborrecido.

Mil años no enmendaron los afanes
de una estirpe que hiciste barro y cielo,
mas Señor, por favor, no te desganes
y que de hoy en más triunfe tu celo.

1994


Nota del Revisor: hermoso ejemplo de terceto encadenado.

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