Navidad XII

Que El Señor colme de dicha tus horas y bendiga los anhelos de tu corazón.

Se concentró la luz del universo
bajo un palio de ramas y de esteras
y una Flor, de un millón de primaveras,
quebró los signos del invierno adverso.

Tan insólito fue, que el crudo cierzo,
hosco señor de montes y praderas,
rindió en aquella noche sus banderas
e inflamóse de Gloria el aire terso.

Trajeron sus ofrendas los pastores
y la misión de Magos, que llegaba
venida de recónditos confines,

a adorar al “Pastor de los pastores”
cuyo sueño de Dios acompañaba
un coro celestial de querubines.

1995

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