Pertenencia

Así tú vieras que en mi frente brilla
el codiciado sol de la victoria,
el laurel celebrado de la gloria
o el signo del poder que maravilla;

nada podrá volverme la sencilla
quietud al corazón, ¡meta ilusoria!;
que persigo extraviado en la aleatoria
trama de un sueño hecho pesadilla.

Desde las dulces horas, los reflejos
procuran despertar nuevas ficciones
en un juego de mágicos espejos.

Mas, lacerado, el corazón descree
y me rindo, abrumado, a sus razones:
que no poseo al sueño…; ¡él me posee!

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