Plegaria por Hebe
(inconclusa)

Vengo, Padre, a Tus plantas prosternado,
en actitud serena y recogida,
para que oigas del pecho consternado
cómo la muerte me arrancó la vida.

En uno de los días, numerosos,
que Tu paciencia fatigosa aliña,
adivinando sueños ambiciosos
diste luz a los ojos de mi niña.

A sus sienes se ciñe la corona
de mis horas, inquietas o propicias,
y en lo profundo de su ser sazona
una estupenda siembra de delicias.

Desde el regazo de su madre amante
que Tú le señalaste por modelo,
aprendió a bendecir perseverante
la obra incomparable de Tu celo.

Y con el corazón alborotado,
y un tesoro de nada en la alforjuela,
tiesa en su delantal almidonado
ya la veo, camino de la escuela.

Con un aire solemne de maestrilla
transforma todo el orbe en paradojas,
y con sus ansias de vivir astilla
la más remota sombra de congojas.

En algunos momentos la turbaba
la duda que en Tu búsqueda suscitas;
pero al fin, como siempre, te encontraba
en su cielo infantil de pinturitas.

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