Serenidad

Miro pasar los días desde ese altozano
al que arribó mi vida por obra del azar;
pero a ratos la bruma, y en otros el desgano
empañan o perturban el arte de mirar.

Fatigué mi descanso y en la vigilia, ufano,
enflaquecí mis fuerzas en pos de averiguar
el pasado remoto, el futuro, el arcano,
mas sólo me ha quedado la dicha de soñar.

Si fui dueño de auroras, cuando en tiempo lejano
crecían arreboles junto a mi despertar,
soy de azules ocasos apenas soberano

y con más reverencia conjugo el verbo amar.
Ya estoy reconciliado con el destino humano
y bendigo, en mis ojos, la Gracia de llorar.

Octubre de 1989

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