Tu tránsito

A tu memoria, Hebe, hija mía, mi pedacito de Dios.

Inerte; la cabeza abandonada;
pegados los cabellos a la frente,
soñaba un sueño de terror tu mente
que se expresaba en queja entrecortada.

De cuando en vez, quizás iluminada
por un relámpago del ser, consciente,
tus miedos confesabas turbiamente,
desgarrantes como una puñalada.

Mamá, a tu lado, el alma en la mirada
volvía a ofrendarte, como el primer día;
y su voz a tu oído susurraba

el mundo de ternuras que escondía.
Transido de dolor, papá negaba
la absurda realidad de tu agonía.

7 de junio de 1981

A menos de 3 meses de su muerte.


Nota del Revisor: vulnera la regla clásica del soneto en el 9º verso, pues “mirada” es rima asonante en los tercetos, pero no quiebra el equilibrio general, dado que viene rimando con las estrofas anteriores.

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