Nocturnal

Ocultándose, el sol que amanecía
anticipó la hora del ocaso,
pero en el cielo fue su raudo paso
la gloria misma que resplandecía.

Y en la tibieza con que me envolvía
su incomparable suavidad de raso,
hasta el trance más duro del acaso
al ánimo, más blando parecía.

Luego, fueron la noche y la intemperie
y las instancias de esta larga serie
de inquisiciones y cuestionamientos.

La permanente búsqueda de huellas;
el apagar de todas las estrellas…
¡Un clamor desgarrado hacia los vientos!

Agosto de 1984

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