Perennidad

En tu memoria, Hebe, mi adoración.

No estás en este aquí tan limitado
que nos impone esta naturaleza,
pues que libre tu diáfana pureza
domina en el espacio inmensurado.

Te sé en el aire leve, despejado.
En la luz que los cielos adereza.
En la flor que regala su belleza
y en todo cuanto Dios hubo creado.

Lo que tiene en el mundo algún sentido
me acerca a tu recuerdo idolatrado
y nada puede, ya, de mí alejarte.

Así será hasta el último latido
y más aún, que muerto y olvidado
se unirán mis despojos para amarte.

Marzo de 1982


Nota del Revisor: existe una versión manuscrita original con diferencias en el sexto verso: “en la luz de los cielos que embelesa” y en el noveno: “Lo que el mundo mueve mis sentidos”. El problema de este sexto verso es que embelesa no es rima consonante con belleza. De ahí intuyo la corrección. Mismo problema con el noveno verso.

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